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Nuestra historia

Hola, soy Camino, gerente y responsable del Molino de Losacio desde sus inicios. Cuando  en la familia decidimos restaurar la fábrica de harinas, como historiadora del arte, me involucre en el proyecto con el objetivo de realizar la investigación y musealización de este bien cultural. En aquel momento no podía imaginar hasta qué punto mi vida quedaría ligada al Molino, pero como decía John Lenon “la vida es lo que pasa mientras haces otros planes”. 

Muchos de mis clientes me han preguntado ¿qué hace una chica como tú en un sitio como este?. Sobre todo cuando me conocen y descubren que soy una urbanita recalcitrante. Y la razón es sencilla. Me enamoré. Me enamoré; del proyecto de recuperar el Molino de Losacio, legado de mi familia desde que el bisabuelo Miguel le diese forma en 1890, de Maxi, una maravillosa  persona que ahora es mi marido, compañero incondicional y  padre de mis dos fantásticos hijos Carlos y Jara y de esta preciosa tierra en la que tengo intención de envejecer. 

¿Qué me motiva? Sin duda la familia y los amigos. Ellos son mi fuerza. Nuestro sentido de familia y amistad es amplio, enorme. Nos encanta juntarnos con la familia que la vida nos dio, y con la que nosotros elegimos a lo largo del camino. En nuestro concepto las amistades no son propias de una generación, sino que padres e hijos las compartimos creando unas redes que van más allá de la sangre y más allá del día a día. 

Esta es la filosofía y leitmotiv que nos ha guiado a la hora de definir, acondicionar y modelar el Molino de Losacio. 

Hemos transformado el molino en ese espacio ideal  para reunirnos con los amigos y la familia. Para vivir esos momentos mágicos en que estamos todos juntos, sin preocupaciones, sin estrés, simplemente disfrutando de nuestra mutua compañía. 

Ese concepto de juntos pero no revueltos, de espacios amplios donde quepan todos, con zonas diferentes para que las edades y las aficiones compartidas tengan su propio espacio sin limitar el de los demás, con habitaciones en las que, a pesar del ruido y de la fiesta, se pueda descansar. Donde el jolgorio no limite las posibilidades de confidencias, de conversaciones profundas... 

Nuestro objetivo, es sin duda, convertir el Molino de Losacio en el espacio ideal para estos reencuentros con familiares y amigos.

Hola, soy Camino, gerente y responsable del Molino de Losacio desde sus inicios. Cuando  en la familia decidimos restaurar la fábrica de harinas, como historiadora del arte, me involucre en el proyecto con el objetivo de realizar la investigación y musealización de este bien cultural. En aquel momento no podía imaginar hasta qué punto mi vida quedaría ligada al Molino, pero como decía John Lenon “la vida es lo que pasa mientras haces otros planes” 
Muchos de mis clientes me han preguntado ¿qué hace una chica como tú en un sitio como este?. Sobre todo cuando me conocen y descubren que soy una urbanita recalcitrante. Y la razón es sencilla. Me enamoré. Me enamoré; del proyecto de recuperar el Molino de Losacio, legado de mi familia desde que el bisabuelo Miguel le diese forma en 1890, de Maxi, una maravillosa  persona que ahora es mi marido, compañero incondicional y  padre de mis dos fantásticos hijos Carlos y Jara y de esta preciosa tierra en la que tengo intención de envejecer. 
¿Qué me motiva? Sin duda la familia y los amigos. Ellos son mi fuerza. Nuestro sentido de familia y amistad es amplio, enorme. Nos encanta juntarnos con la familia que la vida nos dio, y con la que nosotros elegimos a lo largo del camino. En nuestro concepto las amistades no son propias de una generación, sino que padres e hijos las compartimos creando unas redes que van más allá de la sangre y más allá del día a día. 
Esta es la filosofía y leitmotiv que nos ha guiado a la hora de definir, acondicionar y modelar el Molino de Losacio. 
Hemos transformado el molino en ese espacio ideal  para reunirnos con los amigos y la familia. Para vivir esos momentos mágicos en que estamos todos juntos, sin preocupaciones, sin estrés, simplemente disfrutando de nuestra mutua compañía. 
Ese concepto de juntos pero no revueltos, de espacios amplios donde quepan todos, con zonas diferentes para que las edades y las aficiones compartidas tengan su propio espacio sin limitar el de los demás, con habitaciones donde, a pesar del ruido y de la fiesta, se pueda descansar. Donde el jolgorio no limite las posibilidades de confidencias, de conversaciones profundas... 
Nuestro objetivo, es sin duda, convertir el Molino de Losacio en el espacio ideal para estas reuniones.

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